Guiso de arroz
que desgusta de su propio hambre
y se hace llamar por su nombre
de hombre
y delicadamente
con virtud de estudiante
se despliega
y muestra
en sus plumas
un poquito de alma
de alma socorrida por sus presas
por el jugo de carne
que quedó en la sartén.
No escribe
ni describe
solo ama
ama sus alitas
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