chillan agudamente
y sin aire
las dosmil lombrices que no nos comimos a la hora de las lombrices
abandonadas
sin destino
ni futuro claro
oscilan
entre tu paladar y el mío
buscando ser algo
mínimo
hasta repugnante
pero sin perder la frescura de cualquier animal
de un ser puro lleno de alagos
y alabanzas regaladas porque si
corre al borde de la piscina
hasta caer
o al agua fresca
o reventarse la cabeza y desparramarse en el suelo
ni oidos
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